Leyendas 2T: El ‘Por fuera’ de Jorge Lorenzo

Seguramente la clasificación de Jorge Lorenzo como “leyenda” choque a muchos. Si se convierte o no en ello es algo para lo que sea seguramente pronto.

Hoy se trata, como otras veces, de contar una leyenda, no de llamarle a nadie eso.

Y a ello vamos.

Tal vez no sea el piloto más querido de la afición.

Tiene una mirada agresiva-cuando se concentra incluso puede recordar al protagonista de American History X.

Con una serie de seguramente rozando el ridículo espectáculos post-carrera tampoco es que se haya ganado el respeto de los que preferimos que los pilotos se pongan el casco y corran, en vez de enterarnos de si comen lechuga o carbohidratos.

Pero intentemos quitar de nuestra mente esa imagen-imborrable, de rechinar los dientes- de un campeón del mundo haciendo de robot-astronauta en el sacacorchos de Laguna Seca o con un escudo de Capitán América-que horror- y vayamos a la historia de este mes.

Y es que Jorge Lorenzo tiene muchas cosas positivas. Sin duda, cuando lleva el caso puesto, sin micrófono.

Es rápido, peleón, valiente, tiene un punto de locura que dicen que reprimieron a base de dura terapia, pero que cuando tiene que salir sale, y eso suele gustar a los del motoclismo “de la vieja escuela” donde magullados o llenos de clavos sí, pero en la pista asesinos eran los pilotos aquellos.

Ahora quizás parece una maniobra de marketing, de eso que inunda los monos de los pilotos, sus cascos, sus sillas, las paredes de sus boxes, sus gorras, pantalones, camisetas y parcheadas camisas de todo bicho viviente del paddock.

Pero la Leyenda de hoy, el “por fuera”, no es nada de eso.

Más que nada porque era un chavalito muy muy pequeño, y muy muy loco. Antes de la terapia decíamos.

Con esta cara de no haber roto un plato nunca-nada que ver con la inquietante imagen de “fijación pelo obsesiva” que presenta de mayor-volaba sobre una Derbi de 125GP en el 2003.

En el 125 hemos visto gente muy muy loca. La juventud, llevar 50 y pocos caballos y otro montón de jóvenes con otros pocos caballos suelen proporcionar altas dosis de codazos, pasadas al límite, plegadas imposibles con unos neumáticos 90 delante y 110 detrás y conjuntos moto-piloto por debajo de 150kgs y menos de 16 años-moto más piloto.

Allá estaba Jorge, que creo que para entonces ya no usaba el también cuestionable ‘Giorgio’.

Quizás debe ser recordado como uno de los mayores orgullos de un español en el 125. Quizás porque Alzamora no había ganado al estilo que nos gustaba a muchos aficionados al motoclismo. Quizás porque el estilo de “tira fuerte y piérdelos” de Dani Pedrosa tampoco es precisamente latino, si no más bien alemán o suizo, por lo “rodar como un reloj”.

Hablando de relojes, nada como los relojes de cuarzo, baratos pero totalmente irrompibles japoneses. El motogp y el moto2-y otras categorías no del mundial- nos traerían desgracias para los pilotos de Japón, pero en el 125 durante años era francamente impresionante ver a Sakata, Numata o a Ueda hacer cosas totalmente imposibles sobre el octavo de litro, lógicamente dando con sus nipones en el suelo a menudo.

Era en ese entorno loco, hostil, donde los italianos agredían a golpe de rueda a los españoles, los japoneses eran el terror en Suzuka-y allá donde fuesen-y se veían pequeños pilotos que hacían cosas grandes.

Lo visto ese año 2003 en Brasil fue una locura genial. Un rozar el desastre con Lorenzo olvidándose de las reglas de la física y de la prudencia, colocando una y otra vez su Derbi en la trazada imposible incluso para una 125 que entiende menos que las motos que le doblan-como una moto2, quizás por eso el dígito-el peso.

No sé cuanta gente vió aquella carrera. Fueron momentos en los que la única manera de soportarlo seguramente sería pensar: “el chaval de la Derbi se va a caer”.

En un curvón inmenso, larguísimo, con sus compañeros de batalla sacando el último km/h del paso por curva de la 125, un piloto que parecía correr con otras inercias u otras centrípetas reducidas les pegó una pasada por fuera totalmente increíble. Inolvidable.

Ese “por fuera” apareció después en su atuendo, su casco e imagino que en su ropa interior, imanes de la nevera y todo lo que su “merchandising” haya imaginado.

Pero se puede decir que se lo había ganado.

La leyenda del “por fuera” tal vez nos ayude a todos a considerar que la falta de tirón popular, poco gracejo y sobre todo ausencia total de consideración sobre la vergüenza ajena al celebrar victorias son males menores ante un auténtico piloto como los más alocados y rápidos que pueblan nuestra galería de ídolos.

El video de esta hazaña del porfuerismo ya NO está en Youtube, reclamada su propiedad por Dorna Sports S.L.

De poder disfrutarlo, se le concede a Lorenzo esta leyenda de “por fuera” sin duda alguna.

Recordémoslo, puede que nos haga falta. Por lo de las celebraciones.

Bravo Jorge Lorenzo de todos modos.

Anuncios

Un pensamiento en “Leyendas 2T: El ‘Por fuera’ de Jorge Lorenzo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s